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Mamás y celulares, un nuevo dilema

tvcrecer agradece a la Lic. Maritchu Seitún

Durante los primeros meses de nuestros hijos, la vida nos invita a bajar el ritmo, a quedarnos en casa. Podemos disfrutarlo, vivirlo como una exigencia forzada que nos incomoda o verlo de a ratos de una u otra forma. El bebe con su indefensión y con toda su personita nos conmueve y nos invita a conectarnos. Así comienza un intercambio que luego se instala con un estilo determinado. Yo (y muchas madres de la era predigital) daba de mamar sólo algunas veces mirando televisión o leyendo, pero pasaba mucho tiempo intercambiando miradas, conociendo a y haciéndome conocer por ese bebe, disfrutando ese cuerpo que yo envolvía con seguridad entre mis brazos y que al alimentarse abría los ojos y me miraba, encontraba mi mirada y a partir de allí se multiplicaba nuestro encuentro a través de varios sentidos a la vez: gusto, olfato, vista, tacto, oído, movimiento.

De a poco crecía y ya estiraba sus deditos para tomar uno de los míos o para acariciarme la cara; incluso dejaba de comer y lloraba si yo me distraía conversando con alguien o me dejaba atrapar por la novela y no le hacía caso a sus intentos de conexión. Y se iba instalando una danza de encuentro y de disfrute mutuo, que se convertía en matriz para otras formas de conectarnos, cada vez más ricas y complejas, y eso ocurría con una mamá atrapada, cautivada por el encuentro con su bebe.

La multitarea a la que nos fuimos acostumbrando sin tomar conciencia, sumada a los teléfonos inteligentes, me hace temer que baje la calidad de esos encuentros iniciales con los bebes y por lo tanto también con nuestros hijos que crecen.

Me inquieta la chiquita de 2 años que juega a cocinar, con un celular de juguete entre la oreja y el hombro; también el chiquito que le quiere sacar el teléfono a su mamá para que le haga caso a él, pero me preocupa la pobreza y la volatilidad de las conexiones humanas a las que nos estamos acostumbrando, y que muy pronto, apenas crezcan un poco, esos chicos van a querer sacarle el teléfono ¡para jugar ellos! Y no hablo sólo de madres, sino también de padres, y de abuelas, porque los smartphones también se interponen en el encuentro con los nietos.

Apaguemos los teléfonos cuando entramos a casa, tengamos horarios libres de tecnología, muy especialmente durante la comida, pero no sólo en esos horarios. Ofrezcamos tiempo de encuentros de calidad, es la forma en que van a poder vincularse y confiar en nosotros y en nuestra disponibilidad, dándoles un modelo para cuando ellos, en unos años, tengan sus propios smartphones.

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