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Cómo dar a luz y no sufrir en el intento

De la redacción de tvcrecer

 

La evolución de la medicina, en este sentido, ha sido notable. Del temor a perder la vida por dar a luz, se pasó a un parto prácticamente indoloro, gracias a las variantes de posiciones y a una medicina analgésica.

 

El gran anhelo de la mujer es ser algún día madre. Siempre lo fue, en el año 506, y en el 2000 también. Sin embargo, hubo un tiempo, varios siglos, en el cual un parto significaba un alto riesgo, tanto para la vida de las madres, como para las de las criaturas engendradas. Tiempo de tormentos y de existenciales dudas: ¿Tener descendencia al costo de poner en peligro la propia vida? ¿O no pasar por la etapa del embarazo y posterior parto, por temor, y no dejar sucesión?

Mucha mujeres le escapaban al embarazo, porque además, un alto número de recién nacidos no lograba superar exitosamente esa etapa y sus madres, en consecuencia, sufrían complicaciones serias que ponían en severamente en riesgo su salud, pese a superar sin inconvenientes el momento de dar a luz. Esta razón, el parto y sus complicaciones derivadas del embarazo, era uno de los motivos determinantes de la baja expectativa de vida entre las mujeres, hasta fines del siglo antepasado. Estudios de poblaciones europeas del siglo XVII mostraban que la chance de una mujer de vivir más de 35 años era poca y que cada una de ellas sobrevivía, en promedio, unos cinco partos, no más.

Recién en el siglo XX varía el panorama. Unos cambios fundamentales producidos en la práctica médica, vinculada a los partos, son los que modifican rotundamente las cifras de mortalidad materna, las que entonces se redujeron notablemente. Esos cambios se refieren a que el proceso de parto pasó de realizarse en la casa de cada una, a un hospital, donde los cuidados y la atención, es otra, más adecuada, y donde los médicos especializados, reemplazaron a las voluntariosas comadronas. Y el otro gran paso de la medicina, en este aspecto, es el de la adopción de una pose diferente para el alumbramiento. Se dejó de lado la posición vertical para el parto y se pasó a la posición horizontal. Un aporte que se le atribuye al célebre obstetra Mauriceau, un cirujano francés de la elegante nobleza parisina, que vivió entre 1637 y 1709. El fue quién decidió acostar a las mujeres para el momento de la parición, en principio, cuenta la historia, que se hacía para poder aplicar el instrumento de moda por esos tiempos: el fórceps.

Y en la década del setenta, de la pasada centuria, surge la anestesia peridural, como el intento cúlmine para anular definitivamente el dolor del parto. Este elemento, sin embargo, favoreció aún más el uso de la posición horizontal, ya que poca movilidad podía exigírsele a una mujer así medicada.

 

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