Familia 22

Madres que trabajan

Cada vez son más las madres que deben resignar el cuidado de sus hijos por tener permanecer durante el día en su lugar de trabajo. Para dichas madres, lo principal es no sentirse culpables. Dedicando algunos minutos por día a cada uno de nuestros hijos podemos mostrarles que estamos disponibles para ellos y que los amamos.

Cada vez son más las madres que deben resignar el cuidado de sus hijos por tener permanecer durante el día en su lugar de trabajo. Para dichas madres, lo principal es no sentirse culpables. Dedicando algunos minutos por día a cada uno de nuestros hijos podemos mostrarles que estamos disponibles para ellos y que los amamos.

 

Cada vez más madres de chicos chiquitos tienen que trabajar y dejar a sus hijos al cuidado de otras personas: guardería, abuela, empleada doméstica. Todas llegan a verme con una enorme sensación de culpa por hacerlo. Y ahí empiezan los problemas. Al plantearse si la madre debe trabajar, deben contestarse las siguientes preguntas:

¿Es necesario para la economía familiar?

¿Es necesario para la salud mental de la mamá?

¿Es necesario para no perder el lugar “en el mercado”?

Revisemos si nuestra razón es valedera para nosotras mismas, ya que ese será el juez más exigente, nuestra propia crítica. Partiremos de la base de que sí es necesario.

Después veamos de qué maneras podemos reparar nuestra ausencia, tender puentes de presencia con nuestros hijos, y también cuánta ayuda podemos pedir al marido, eventualmente a las abuelas y otros familiares. Vale la pena averiguar en el trabajo si podríamos llegar un día un poco más tarde o salir más temprano, y que el papá haga lo mismo. Esto ya les da a los hijos un gran respiro en esa sensación de que mamá y papá se van todos los días desde la mañana hasta la noche.

Algunas cuestiones a tener en cuenta:

  • Trabajar pocas horas es el ideal no siempre factible.
  • Es bueno llamar a nuestros hijos por teléfono durante el día.
  • Hacer compromisos (con nosotras mismas) de un par de encuentros personales de cinco a quince minutos con cada hijo todos los días. Esto les da la confianza y la esperanza de que pueden esperar porque mamá tiene sus ratitos disponibles para mí, por ejemplo la hora de acostarse, yendo cama por cama, o la hora del baño o del viaje a las actividades extraescolares o entrando a su cuarto alguna vez cada día. Con los más chiquitos no nos va a quedar opción, porque van a reclamar nuestra atención, pero los más grandes se acostumbran a que mamá no esté, por eso es tarea de la mamá acercarse todos los días un ratito.
  • Traer trabajo a casa y hacerlo cuando los chicos no nos ven es una buena opción.
  • Es indispensable cortar con el trabajo cuando llegamos a casa: ellos necesitan saber que son prioridad uno para nosotras. Esto incluye el teléfono, por lo menos hasta que ellos se acuesten.

También es importante postergar nuestra vida social, cultural e incluso deportiva para otro momento de la vida. Ya crecerán y tendremos tiempo de hacer cursos y clases que nos quedaron pendientes de la infancia de nuestros hijos.

Todo esto servirá para que estemos tranquilas de que hacemos lo mejor posible y no nos sintamos culpables. Una madre culpable se equivoca a la hora de educar y poner límites, o pretende que sus hijos crezcan demasiado rápido, o vive enojada con su situación y le da vueltas sin resolverlo.

Algo que a mí me sirvió mucho fue hacer el esfuerzo de llegar a casa dejando mentalmente el cansancio y los problemas afuera. Mis hijos merecían tener la mejor mamá posible, más aún si era poco rato.

tvcrecer agradece a Maritchu Seitún

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