Sillas de seguridad: la nueva norma cambiará la rutina de los viajes familiares en auto. Por su uso obligatorio hasta los 10 años, se deberán repensar la logística de los pools escolares y la elección del vehículo en función de la cantidad de los pasajeros menores.

De pronto, el cielo azul bajo el que transcurren las vacaciones de Tomás Ibáñez en Bariloche se oscureció. No con una nube, sino con una inquietud: este año ya no podrá hacer pool para llevar a los chicos en auto al colegio. Le resulta imposible cumplir con el nuevo decreto, 779/95. Este exige que los chicos menores de diez años viajen sentados en una silla de retención infantil ubicada en el asiento trasero.

Durante el año pasado se turnaba con otros padres para, una vez a la semana, llevar a cinco chicos (tres de seis años y dos de nueve) en su auto desde Recoleta hasta un colegio en San Isidro. “Nadie que haga pool tiene sillitas”, admitió. Si bien está a favor de la nueva legislación, ahora considera una nueva estrategia logística para el próximo año escolar: en el asiento trasero de su auto es imposible hacer entrar ni siquiera tres sillitas, como exige la nueva disposición.

Si bien el decreto fue publicado en el Boletín Oficial la semana pasada, según informó el Ministerio de Transporte de la Nación, por el momento solo tiene vigencia en las rutas nacionales. Aún resta esperar que las provincias y los municipios adhieran a la norma.

Esta medida, que era reclamada desde hacía tiempo por distintas ONG e instituciones, como la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), sigue los estándares internacionales que en muchos países del mundo rigen desde hace décadas (ver aparte).

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Ajustarse a las nuevas normas implica la modificación de ciertos hábitos y formas de consumo. El desbaratamiento de numerosísimos grupos de pool escolar. La necesidad de elegir el modelo del auto en función de la cantidad de sillas que debe transportar. La resistencia de algunos chicos que se rebelan al uso de las sillas.

En la Argentina las lesiones ocasionadas en accidentes de tránsito constituyen la primera causa de muerte y discapacidad en personas de entre cinco y 35 años. En tanto que los sistemas de retención infantil (SRI) logran reducir hasta un 70% las muertes de lactantes, y entre un 54% y 80% las de niños pequeños, según un informe de la SAP.

Victoria Valdez, directora de inglés en un jardín de infantes, tiene cuatro hijos. Los dos menores viajan en las sillitas. Pero hasta ahora los mayores solo van protegidos por los cinturones. “¡Van a entrar en crisis cuando se enteren de que deberán ir en una silla!”, prevé sobre sus combativos dos hijos mayores. “Ya me cuesta muchísimo que se pongan el cinturón de seguridad”, se lamentó.

Pero ella está convencida de que es una batalla que vale la pena librar. En 2013 su familia tuvo un accidente cuando circulaba con el auto por una ruta. Su hijo Sebastián (entonces de tres años) viajaba sin estar sentado en una sillita y, al volcar el auto, salió volando por la ventana, aunque inexplicablemente no sufrió lesiones. En cambio, Facundo, que iba en una silla de seguridad, no se movió de su lugar.

Quienes no cumplan con la nueva normativa serán sancionados: habrá multas de entre $3000 y $11.000, aproximadamente, según lo establezca el juez de faltas.

El precio de una silla de seguridad, depende el modelo, puede ir de $3500 a $10.000.

Hay un hábito muy extendido entre los padres que deben transportar varios chicos en auto: hacer que dos de ellos compartan un cinturón de seguridad. “Nuestros tres hijos viajan sentados en sillitas o boosters. Pero cuando mi hija de ocho años invita a una amiga, entonces saco una de las sillitas y hago que las dos chicas compartan un cinturón”, explicó Ana Ochoa, licenciada en Comunicación Social, que circula con frecuencia entre la Capital y la zona norte de la provincia.

Para las compañías aseguradoras, en tanto, la adaptación a esta nueva normativa es prácticamente automática. Marcelo Lohrmann, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros, explica: “Nos regimos por lo que dice la ley nacional de tránsito, así que si tiene alguna modificación o actualización, nosotros debemos adecuarnos a ella”.

Con respecto a los controles, los automovilistas bonaerenses son escépticos con respecto a su cumplimiento: “En la provincia casi no se hacen controles viales. Las motos circulan sin patentes, seguro ni casco. Y nadie los para”, dijo Mariela Lezcano, vecina de Lomas de Zamora, que sin embargo está de acuerdo con las nuevas medidas. Por el momento solo usa silla de seguridad su hija menor, de un año. También Vanesa Gallo, vecina de Garín, aprueba la nueva normativa y ya usa estos dispositivos para sus dos hijas: “Leí que el domingo, en un choque terrible en Córdoba, dos chicos se salvaron porque iban en sillitas”.

Desde 2016, por un acuerdo entre la Secretaría de Industria, la Asociación de Fabricantes de Automotores (Adefa) y la Cámara de Importadores y Distribuidores de Autos (Cidoa), todos los nuevos modelos de autos deben contar con anclajes tipo isofix o latch para sillas infantiles en al menos una plaza de los asientos traseros. “Ahora se espera que esa exigencia se extienda a todos los cero kilómetro, no solo los nuevos modelos”, dijo Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano (Ovilam).

María Laurnagaray, contadora, de 40 años, transporta con frecuencia por Buenos Aires a sus hijos Juan, de cinco, y Miguel, de cuatro, en un auto modelo 2013. “No tenemos anclajes isofix o latch. Así que para sujetar las sillitas uso el cinturón de seguridad, aunque sé que no es el sistema más seguro”, admitió.

Fuente: LaNacion.com

 

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