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La importancia de la educación en equipo

tvcrecer agradece a Lic. Maritchu Seitún

Los padres debemos transmitirles a nuestros hijos que los docentes son las personas que nosotros elegimos, a quienes delegamos la tarea de acompañarlos, cuidarlos y enseñarles durante las horas de clase. El trabajo en equipo entre padres y escuelas es muy importante a la hora de educarlos.

Aprovechando el comienzo de las clases una conocida marca de jabón en polvo me convocó en estos días junto a Unicef para armar y presentar al periodismo un documento  “Educando a nuestros chicos entre todos con una sonrisa” que habla de la importancia del trabajo en equipo entre padres y escuelas.

La vida moderna nos lleva a los padres a estar muy solos para educar, de allí surge la urgencia por consolidar ese equipo de familias, maestros y escuela de modo que los chicos se sepan sostenidos por los adultos que están a cargo de ellos (y no encuentren fisuras ni tangentes para escabullirse).  Los padres debemos transmitirles con claridad que los docentes son las personas que nosotros elegimos, a quienes delegamos la tarea de acompañarlos, cuidarlos y enseñarles durante las horas de clase, por eso tienen que hacerles caso y también pedirles ayuda (de forma que no surjan planteos del estilo: “vos no me mandás”, o “mi papá paga la cuota”, y “le voy a decir que venga a hablar para que te echen”).

Escuchemos y confiemos en los docentes, ellos están en una posición inmejorable para acompañarnos: se formaron para hacerlo, conocen a nuestro hijo, tienen experiencia y unos cuantos alumnos de la misma edad, por lo que tienen noción de lo normal, de lo esperable, de lo que es para preocuparse o para quedarse tranquilo.  No es la única voz que escuchamos, en primer lugar atendemos nuestra intuición de padres y también lo que dicen los chicos, pero no descartemos sus opiniones y sugerencias, ellos quieren lo mejor para sus alumnos.  No son infalibles… ¡pero nosotros tampoco!

Cuando no confiamos en la institución que nosotros mismos elegimos no le damos lugar para ofrecer lo mejor de sí y la obligamos a trabajar a la defensiva.  Atamos a los maestros de pies y manos si no delegamos en ellos nuestra autoridad durante el tiempo que nuestros hijos pasan en la escuela.

Los padres tenemos que tener claro también nuestro rol de primeros formadores y educadores.  Si nuestros hijos llegan a la escuela ya educados, los maestros podrán dedicar su energía a enseñar.  Hoy estamos viendo que ellos pasan mucho tiempo intentando que los chicos se sienten, presten atención, respeten su autoridad y confíen en que tienen algo bueno para ofrecerles.  La enseñanza queda relegada  a un rato corto de la jornada escolar; los padres nos quejamos del bajo nivel de enseñanza de la institución sin darnos cuenta de que somos parte del problema.

¿Cuántas veces pedimos a la maestra jardinera que le ponga las zapatillas que nosotros no pudimos poner a nuestro hijo? No le lleva demasiado tiempo, y a ella le hace más caso, pero implica que la autoridad adulta no está clara para él, lo que lleva inevitablemente a que en algún momento, tampoco haga caso a la maestra.  Ocuparse de que acate las pautas (que venga a sentarse en la ronda, que entre cuando termina el recreo, que comparta el material de juego; ya más grandes, que apague su celular, que preste atención, que no coma o no se duerma en clase) le resta tiempo a los docentes de su tarea.

No hablo de tener una confianza ciega, sino de trabajar juntos de modo que los chicos perciban  a padres y escuela como un bloque inamovible, tal como ocurría hace no tantos años.  Se trata de ir a hablar cuando algo no nos gusta, nos preocupa o nos molesta, contar cuando pasamos por momentos difíciles, escuchar lo que nos dicen cuando nos convocan.

Por sobre todo, no esperemos que la maestra eduque a nuestros hijos (“que lo ponga en vereda”, diría mi abuela), es nuestra tarea, la de ella es enseñar y continuar en otros ámbitos (académico, social, deportivo, artístico) con esa educación que empieza en casa.

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