Un gesto que dio la vuelta al mundo

De la redacción de tvcrecer

Un futbolista australiano, que participa del mundial de Brasil, tuvo un conmovedor gesto con un chico en muletas.  

Mark Bresciano no es una súper estrella del fútbol mundial. En ese terreno nada puede hacer ante las condiciones naturales de Lio Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar. Es un buen futbolista, si, integrante del seleccionado australiano que compite actualmente en el campeonato mundial de Brasil, y nada más. Sin embargo, en estos días, el mundo entero habla de él. ¿De sus dotes como mediocampista? ¿Por algún traspaso millonario y fulgurante desde el ignoto Al Gharafa, de Qatar, donde juega durante el año, a uno de los grandes clubes centroeuropeos? No. Nada de eso. Si su presencia en la cancha no ha causado sensación. En absoluto. El mundo habla del noble gesto que Bresciano tuvo minutos antes de comenzar el partido del debut ante Chile, en la ciudad de Cuiaba, al suroeste del país.

La FIFA, entidad rectora del fútbol mundial y la organizadora del torneo que paraliza el planeta entero, adoptó como costumbre hacer ingresar a los equipos al campo de juego formados en fila india y con un chiquilín acompañando a cada futbolista desde el túnel de los vestuarios. El protocolo indica que los equipos ingresan, forman para escuchar los himnos y los acompañantes se paran delante de ellos. Bresciano detrás de un chiquilín con muletas.

En el encuentro entre Chile y Australia, se escuchaban las canciones patrias de ambas naciones y Marc Bresciano, al advertir que los cordones del botín del niño que estaba con él, se habían desatado y le era imposible agacharse para anudarlos, no dudó un instante en inclinarse, romper las reglas protocolares y ponerse a los pies del chico y atarle los cordones.

El experimentado jugador (cumplió 34 años en febrero) no se destacó mayormente  durante el encuentro. No realizó jugadas vertiginosas, como Messi, ni remató al arco con la precisión de Cristiano Ronaldo, y mucho menos dibujó locas gambetas con el estilo de Neymar… Pero hizo un gol. Un gran gol. Antes del partido y fuera de la cancha. Fue ese gesto para con un chico en muletas que vivía un momento soñado, como es el de ingresar a un campo de juego como mascota de un seleccionado.

Bordeando ya el final de su carrera, Marc Bresciano no ganará jamás el balón de oro ni será la gran figura de Brasil 2014. Pero habrá ganado un premio de incalculable valor afectivo: la simpatía y el afecto de un chico, cualquiera, anónimo, a quien le brindó la atención debida en un momento único. Y para ese niño no habrá goles ni grandes jugadas de los principales cracks que recuerde más que el gesto de Bresciano. Un humilde futbolista australiano.

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