Niños 23

Los golpes de calor y su prevención

Los niños y los bebés son los más sensibles a estos bruscos cambios de temperatura, sin embargo, toda la población está expuesta a este mal, propio del verano. Los golpes de calor se pueden prevenir con una buena hidratación y una adecuada protección.

¿Cómo cuidar a los más pequeños?

Los golpes de calor y su prevención: Los niños y los bebés son los más sensibles a estos bruscos cambios de temperatura, sin embargo, toda la población está expuesta a este mal, propio del verano. Los golpes de calor se pueden prevenir con una buena hidratación y una adecuada protección.

Los niños y los bebés son muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura, sobre todo a los golpes de calor, propios de la estación estival, que revisten una gravedad mayor a la imaginada. El llamado golpe de calor es una alteración térmica. Una respuesta del cuerpo a una excesiva pérdida de agua y sal, contenidas en el sudor. Y estas se deben a una excesiva exposición al sol, por no estar lo suficientemente hidratado o protegido con adecuadas pomadas o lociones. Y no solamente los niños y los bebés corren riesgos, todos (chicos, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad) peligran si no se toman los recaudos pertinentes.

Los médicos aconsejan, como primera medida, ponerse a resguardo, es decir, no exhibirse al sol, bajo ningún punto de vista. Ni siquiera la sombra de un árbol es suficiente protección. Y como segundo consejo básico, los especialistas, sugieren tomar todo el líquido posible, para estar bien hidratados. Y si por las razones que fuesen, no se puede evitar el sol, aconsejan con vehemencia, cubrirse la cabeza y usar ropas claras.

Es verdad que la mayoría de los golpes de calor, se sufren en días soleados, pero también es probable que se produzcan en días no tan luminosos y con temperaturas muy elevadas. Este mal se detecta en los niños y los bebés por varios motivos: se vuelven molestos y se sienten incómodos permanentemente; el sudor les irrita la piel en el cuello, el pecho y las axilas; sufren agotamiento, cansancio y una pronunciada debilidad; les duele la cabeza, contraen mareos, náuseas y ganas de vomitar; y por supuesto, deshidratación.

Si un bebé presenta algunos de estos síntomas, los especialistas aconsejan darle mucha agua al bebé, que puede ser de la canilla, si se la hierve previamente y se la deja enfriar hasta alcanzar la temperatura ambiente. Muchos médicos aseguran que tomar agua fría o muy fría (de la heladera) no reporta mayores beneficios que el agua a temperatura natural. Y si el bebé está en etapa de lactancia, que siga tomando leche de la madre. También es conveniente llevar a la criatura a un lugar fresco y ventilado, o con aire acondicionado. Otra alternativa es bañar al bebé con agua fresca. Luego, dejar que descanse. Y en caso de que no se adviertan mejoras, lo conveniente es consultar con un pediatra.

Para evitar un golpe de calor, es fundamental prevenir. De lo contrario, un placentero día de sol, en la playa o junto a una pileta, puede transformarse en una pesadilla.

De la redacción de tvcrecer

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