Bebés 47

La matronatación, un modo de prevenir accidentes

A través de la matronatación, el bebé no sólo refuerza su vínculo afectivo con los padres, sino que adquiere herramientas para sobrevirir ante un accidente acuático

A través de la matronatación, el bebé no sólo refuerza su vínculo afectivo con los padres, sino que adquiere herramientas para sobrevirir ante un accidente acuático.
En la matronatación se busca afianzar los lazos de amor entre la familia (los padres e hijos, los hermanos), pero también es un objetivo evitar los sucesos traumáticos en el agua y aprender respuestas vigorosas y adecuadas ante un posible accidente.

Aún con su corta edad los niños pueden con su serenidad y aprendizaje previo ayudar a quienes los auxilian para salvar su vida.

Como es natural, nadar es la respuesta más importante ante una emergencia acuática. Nadar implica, no sólo moverse a través del agua en forma armoniosa y eficaz, sino también ampliar el dominio de la respiración y la emoción. La supervivencia ante un accidente requiere de este saber, el saber nadar en un amplio abanico de experiencias.

El hundirse, tragar o inspirar agua, hechos que se producen cuando se desconoce “el arte de nadar” son sucesos traumáticos que la memoria corporal y emotiva guardan para siempre.

Comenzadas sus clases, un bebé de pocas semanas de vida será capaz de salir rápidamente a la superficie, pero deberá ser alzado prontamente. Si el bebé conoce lo que es estar sumergido y lo ha experimentado en el alegre ámbito de sus clases, su reacción será favorable al eliminar el pánico que desencadenan la sorpresa y lo desconocido.

Tan sólo 30 segundos bastan para provocar el ahogamiento en un niño que desconoce el control respiratorio subacuático y, además, está asustado. A medida que el niño crece y aumente su desarrollo psicomotriz, podrá incorporar recursos muy importantes para la sobrevivencia, como por ejemplo buscar rápidamente la superficie y orientarse hacia el sitio seguro más cercano, sostenerse para poder elevar su cabeza fuera del agua, y aún salir por sí mismo del lugar donde ha caído.

Un bebé nadador, al llegar a los 5 años será capaz también de nadar los diferentes estilos en distancias razonables y aprender a prevenir accidentes fatales aún estando vestido.

No obstante, la responsabilidad de los padres jamás queda excluida. Recién cuando la mente infantil haya alcanzado un grado de madurez el niño podrá prevenirse en forma independiente. Del mismo modo que un niño que corre hábilmente no debe cruzar solo una ruta, un excelente nadador debe ser cuidadoso.

tvcrecer agradece a la Dra.Patricia Marta Cirigliano

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