portrait of young mother cherishes her infant baby
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¿Cómo influyen nuestros genes en el bebé?

Acaba de nacer y ya le encuentras parecidos: a ti, a su padre, a la abuela… La clave está en los genes. ¿Quieres saber qué determinan y qué no?

Los genes de tu bebé
“A menudo los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción…” 

Qué razón tuvo Serrat al componer este tema. Cuando un bebé nace, después de comprobar rápidamente que se encuentra bien y no le falta ni le sobra nada, empiezan las comparaciones: “Esos rulitos son del papá”, dice orgullosa la suegra. “Pues la nariz es de mi hija, de eso no hay ninguna duda”, responde la otra abuela…
Te ha pasado, ¿verdad? Y es que la herencia genética dejó su huella en el bebé que acabas de traer al mundo desde el mismo momento de la fecundación. Te contamos cómo en las siguientes páginas.

Escrito desde la concepción

Cuando vos y tu pareja concibieron a su hijo, en ese instante quedó definida su herencia genética. Vos sólo podías imaginarlo, pero ya estaba decidido que tendría los ojos marrones y el pelo rizado, que podría ser muy listo o muy alto y que mostraría una predisposición especial para las matemáticas o la pintura, entre otras muchas informaciones.

Los responsables de portar todos estos datos son los cromosomas, estructuras químicas en las que se contienen todas las instrucciones necesarias para que se desarrolle un nuevo ser. En su interior están los genes, unidades elementales en el complejísimo proceso de transmisión de los caracteres hereditarios. Cada célula del organismo contiene 46 cromosomas, agrupados en pares, menos los espermatozoides y los óvulos, que contienen cada uno 23 cromosomas.

¿Qué hizo único e irrepetible a tu bebé?

Al fusionarse el óvulo y el espermatozoide, pusieron en común su carga genética, dotando al embrión de sus 46 cromosomas (23 pares) correspondientes, que convirtieron a tu hijo en un ser único e irrepetible (la excepción que confirma la regla son los gemelos monocigóticos, genéticamente iguales). Tras la fecundación comenzó un rápido y delicado proceso de división celular.

A partir de una única célula se formaron dos, luego cuatro, ocho… y dieron lugar a los distintos órganos y tejidos, que se fueron situando en la parte del cuerpo a la que estaban destinados.

Pero ¿cómo es posible que si todas las células se han desarrollado a partir de una sola y tienen por tanto las mismas instrucciones genéticas, den lugar a órganos diferentes?

Sucede gracias a un proceso de especialización celular: a pesar de contener los mismos datos, unas desarrollan más unos y dejan “dormidos” otros, que serán los que expresen otras células, dependiendo del órgano del que formen parte.

Por ejemplo, las células de los pulmones contienen la información necesaria para formar el intestino delgado, y viceversa; pero al especializarse, cada una se centra en su órgano.

¿Y quién decidió su sexo?

El “responsable” de que tu bebé haya sido un niño y no una niña (o al revés) es tu pareja. De los 23 pares de cromosomas, los 22 primeros se denominan autosomas y el último par, el 23, se llama gonosoma o cromosomas sexuales. En éste, tú portas siempre un cromosoma femenino (X), mientras que el padre puede portar un cromosoma femenino o uno masculino (Y). La probabilidad de que sea uno u otro es del 50%. Si has tenido una niña, el cromosoma que legó tu pareja fue femenino y se formó el par XX. Si tu bebé es un niño, el cromosoma del papá fue masculino y se creó el par XY.

Dominantes, recesivos…

Ya sabes que los cromosomas que contiene el espermatozoide se juntan con los del óvulo, formando pares, y que en ellos está contenida toda la carga genética del bebé. Ahora que tienes a tu hijo en brazos ya has visto algunos de los resultados (por ejemplo, su sexo), pero otras características no son tan evidentes e irán manifestándose a medida que pase el tiempo. Aun así, ya puedes ir haciéndote una idea de cómo será tu bebé dentro de un tiempo.

En primer lugar hay que saber si tus “informaciones” coinciden o no con las de tu pareja, ya que el bebé las ha recibido por partida doble. Por ejemplo, si los dos sois morenos, lo más probable es que vuestro hijo también lo sea. Pero ¿qué ocurre cuando las características no coinciden? En este caso existen varias posibilidades:

Una información domina a la otra y se impone. Por ejemplo, tu gen de pelo rizado es más poderoso que el gen de pelo liso de tu pareja, por eso su hijo tiene el pelo rizado. Aun así, el niño es portador del gen del pelo liso y puede transmitirlo a sus descendientes. Del mismo modo, una gemela puede no tener hijas gemelas, pero sí nietas.

Las dos informaciones son igualmente fuertes y se expresan con la misma intensidad. Son los caracteres codominantes y el ejemplo más claro es el grupo sanguíneo AB.

Las dos informaciones se expresan, pero el rasgo resultante es una mezcla de las dos. Por ejemplo, de un padre negro y una madre blanca nacerá un niño mulato. Este hecho se llama dominancia parcial.

Problemas que también se heredan

Lo que vale para los rasgos físicos, vale también para el resto de las características y las capacidades que se heredan, como son, por ejemplo, la fortaleza y la resistencia físicas y, por desgracia, las malformaciones o las enfermedades. Actualmente están identificados unos 16.000 problemas genéticos (tranquila, en términos absolutos son muchísimo más numerosos los niños sanos). Si la información que portan la madre y el padre es correcta, el bebé resulta siempre sano. Si un gen es correcto y el otro no, el resultado final dependerá en primer lugar del cromosoma involucrado, esto es, de si es un autosoma o un cromosoma sexual.

En el primer caso, un autosoma, si el gen erróneo es dominante, el niño expresa la enfermedad. Y si es recesivo, estará sano, pero será portador del gen “malo”, esto es, puede transmitirlo. En caso de que los dos genes sean erróneos, los hijos resultan siempre afectados.

Si hablamos de enfermedades ligadas al cromosoma sexual X (las ligadas al Y sólo se transmiten del padre al hijo varón) la cosa cambia. Si la información incorrecta es dominante, la niña expresa el problema, ya que tiene los dos genes X. Si es recesiva, la niña es una portadora sana. Si tienes un hijo, será sano o enfermo dependiendo de si ha heredado el gen patológico o no (él sólo tiene un gen X), independientemente de si éste es dominante o recesivo.

Otro dato a tener en cuenta es que cuando nos referíamos a la especialización celular, apuntábamos que todas las células contienen la misma información, pero se especializan para cumplir una función determinada. Sin embargo, es posible que distintas células necesiten y utilicen una misma información para desarrollar su trabajo. En este caso, si esa información está equivocada, el error se expresará no sólo en un órgano, sino en varios, originando problemas que pueden ser desde insignificantes hasta muy graves.

El futuro de la genética, muy saludable

Afortunadamente, la ciencia avanza y se están realizando numerosas investigaciones en este campo para poder lograr en un futuro próximo una terapia génica aplicable, que solucionará numerosos problemas de salud hereditarios y no hereditarios y que nos permitirá tener hijos aún más sanos.
La terapia génica es un proceso que se desarrolla en laboratorio y que repara los genes erróneos mediante diferentes estrategias: desde extrayendo las células con problemas para arreglarlas y volverlas a insertar ya sanas, hasta introduciendo directamente el gen reparador en el órgano enfermo.
Esta terapia está en fase experimental, pero se espera que a corto plazo comience a producirse un goteo importante de aplicaciones que supondrán un avance médico fabuloso.

Curiosidades de la genética

Los seres humanos tenemos unos 30.000 genes, solamente un tercio más que organismos muy simples, como la lombriz intestinal.

El mapa del genoma del chimpancé coincide en un 99% con el del hombre.

Para identificar los genes que originan una enfermedad, los investigadores realizan más de 200 millones de análisis genéticos.

El 95% de nuestro ADN (el ácido que agrupa todos los genes) contiene “información basura”. Solamente el 5% restante es fundamental para el desarrollo del organismo.

¿El carácter se hereda?

Es la pregunta del millón. Para responderla con rigor científico se han hecho estudios con gemelos idénticos criados y educados en entornos diferentes.

Los resultados han mostrado que el carácter está en parte determinado por la herencia y en parte influido por el ambiente y la educación. La línea entre ambos es muy delgada y no es posible predecir dónde empieza uno y dónde termina el otro.

EN PARTE INNATO…

En general, se acepta que los bebés tienen un temperamento innato. Quizá tu hijo es muy tranquilón o, al contrario, es muy nervioso desde que nació, sin que nada haya podido influirle aún para que sea así. Sin embargo, en cuanto empieza a interrelacionarse con el mundo que le rodea, se hace muy difícil averiguar si su nervio o su placidez son innatos o aprendidos.

Y EN PARTE ADQUIRIDO

El comportamiento de tu hijo dependerá, en gran medida, del tuyo propio. Sin darte cuenta, interpretas su forma de actuar y la estimulas o moderas según tu carácter. De ahí que dos hermanos, criados en el mismo hogar, tengan caracteres diferentes, porque mamá y papá se sienten más próximos al que es más parecido a ella o a él y, aunque lo pretendan, no se comportan con los dos exactamente igual.

Tan listo como sus papás

Tu hijo es inteligente ya antes de nacer, lo que induce a pensar que la inteligencia se hereda. Pero ésta es una verdad a medias. En el vientre materno empiezan a establecerse conexiones entre las células cerebrales del feto, indispensables para el desarrollo de su intelecto, y está demostrado que los bebés en el útero repiten las cosas que les gustan (como chuparse el dedo) y tienen memoria, signos de inteligencia.

Pero los estudios realizados coinciden en que son muchísimos los genes que actúan en el cerebro y en que la genética “sólo” es responsable en un 50% de la inteligencia de los hijos. El resto lo determinan la cultura, el ambiente, la estimulación… Es posible potenciar la inteligencia del bebé desde el embarazo. Está comprobado que a partir del quinto mes sus sentidos le permiten registrar sensaciones dentro del útero y sentir las de la madre, que le estimulará si le habla, si vive experiencias sensoriales placenteras.

Parecidos muy razonables

Físicamente es igualito a vos … O a tu pareja… O tal vez se parece a los dos. La transmisión de la herencia genética se apreciará en distintos aspectos del físico de vuestro hijo.

En sus rasgos y facciones:

Los papás influyen en ese parecido poniendo en común sus cargas genéticas, que en caso de diferir, entablaron una lucha sin tregua para dominar la una a la otra. Esa es la causa de que el niño tenga la naricilla respingona, como mamá, o aguileña, como papá. Los rasgos físicos que transmites a tu hijo pueden variar levemente (de hecho, lo hacen) debido al estilo de vida que lleve en el futuro.

Un nuevo estudio, realizado con gemelos idénticos, ha demostrado que hasta en una tercera parte de ellos, puros clones naturales, se van manifestando diferencias físicas con el tiempo. Además de hacerlo por cuestiones ambientales, culturales y de nutrición, el equipo del investigador Manel Esteller ha descubierto que en estos cambios tiene mucho que ver la epigenética, que mide las minúsculas variaciones químicas que tienen lugar en el ADN y hace que éstas se expresen (apareciendo la diferenciación) o se inhiban (siendo los gemelos idénticos toda la vida).
En general, se puede hablar de caracteres hereditarios dominantes y recesivos. Entre los primeros están el pelo rizado, los ojos oscuros, la calvicie y las pecas. Y entre los segundos, los ojos claros, el cabello rubio y el pelirrojo.

Sobre la altura

La talla de tu hijo viene determinada por un conjunto de genes, no por un único gen. Si los dos sois altos, vuestro hijo seguramente también lo será. Pero en este aspecto influyen en gran medida los factores ambientales, fundamentalmente la correcta nutrición del niño. Un ejemplo: una misma semilla no germinará ni se desarrollará igual en un desierto que en un bosque tropical.
Otro ejemplo de lo importantes que son los factores externos en esta materia es el aumento de la talla de los españoles si la comparamos con la que existía hace 100 años. Las posibilidades de alimentarnos de un modo equilibrado no son las mismas que antes y eso deja huella.

También la corpulencia

Con la gordura o la delgadez ocurre lo mismo que con la talla; influyen la genética y el ambiente. Los hijos de padres obesos tienden a ser obesos (hasta en un 80% si los dos padres lo son). Pero no hay que olvidar el papel fundamental que juega aquí la nutrición. Si la obesidad de los padres se debe a unos hábitos alimenticios incorrectos y el niño también los sigue, será obeso.
Pero si su alimentación es equilibrada y su pediatra lo controla regularmente, el problema no tiene por qué aparecer. Si te queda alguna duda sobre herencia genética, entra en la página web www.lagenetica.info y envía tu consulta a sus genetistas, los doctores Mª Teresa Solé (asesora de este reportaje) y Jaume Antich

 

Fuente: CrecerFeliz.es

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