1 a 2 años 8

La caminata versus el cochecito

Cuando salimos, la mayoría de las veces elegimos llevar a nuestros bebés en cochecito por innumerables cuestiones. Pero sería una linda experiencia llevarlos caminando para que ellos puedan investigar el mundo a su manera y a su ritmo.

tvcrecer agradece a la Lic. Maritchu Seitún

Cuando salimos, la mayoría de las veces elegimos llevar a nuestros bebés en cochecito por innumerables cuestiones. Pero sería una linda experiencia llevarlos caminando para que ellos puedan investigar el mundo a su manera y a su ritmo.

Una mañana que andaba por las veredas de la ciudad me sorprendió ver una gran cantidad de chicos que, aunque ya tenían edad para caminar, eran llevados por sus padres o madres en cochecitos.

Entiendo que tienen muchas buenas razones para llevarlos así: el apuro, la seguridad, el cansancio, un nuevo embarazo, no les alcanzan las manos para estar en calma en la calle con más de un hijo… De todos modos, me dieron ganas de “tentar” a esos padres y madres, de proponerles que cuando puedan, lo más que puedan, al menos de cuando en cuando, los lleven caminando. Sé que los chiquitos caminan muy despacio y que se interesan por cuanto perro, hormiga, vidriera, hojita o niño se les cruce en el camino, pero es justamente ésa la razón por la que les propongo que lo hagan: para que ellos puedan investigar el mundo a su manera y a su ritmo.

También sé que otras veces se escapan corriendo o se van a la calle asustándonos, pero si no nos tomamos el tiempo de enseñarles a caminar junto a nosotros, ¿cómo van a aprenderlo?

No tiene por qué ser siempre: revisen las salidas para ver si alguna puede encararse detrás de las iniciativas de nuestro pequeño aventurero-investigador en lugar de llevarlo en el cochecito sin tener siquiera contacto visual con él. Se sorprenderán al reconectarse con otra forma de acercamiento al entorno, al descubrir aspectos del mundo que tal vez se habían olvidado: las fascinantes grietas en una vereda, un bichito de San Antonio, la suavidad de la tela del pantalón de la vecina, el olor de una rosa. Esto lleva tiempo, horas de ese tiempo valioso de adultos ¡Pero es tanto más lo que pierden nuestros hijos y lo que perdemos nosotros cuando nos dejamos llevar por el apuro o la eficiencia!

No quiero engañarlos, es probable que a la mitad de la caminata empiecen a pedir que los llevemos alzados (ahí se van a acordar de mí ¡y no precisamente en buenos términos!). Pero aun así, no olviden que sentados en la silla ven pasar el mundo pasivamente y ni siquiera se enteran de que podrían tocarlo, olerlo, recorrerlo, jugarlo, investigarlo. Si a eso sumamos los ratos que pasan en la casa viendo televisión, es mucho el tiempo del día que no están siguiendo sus iniciativas personales, investigando, creando, inventando, descubriendo.

La conclusión es que los bebes están mejor en brazos, o en el piso, interesándose por lo que ven, fortaleciendo el cuello y los brazos, haciendo intentos de desplazarse, con ganas de salir a la búsqueda de quién sabe qué o de quién sabe quién? De sentarse, pararse, acercarse a mamá o a papá, etcétera.

Se puede complicar al comienzo si el bebe ya está habituado a mirar el mundo desde el huevito, o si nuestro hijo no camina ni hasta el ascensor sin su sillita. Se van a resistir, sépanlo, pero es cuestión de paciencia: en pocos días verán los cambios en la iniciativa y en la motivación. Y esos cambios valdrán cada minuto invertido (y no gastado) para lograrlo.

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