Cómo conocí a mis hijos, después a su madre. No conocí a Jessica, mi novia, sino hasta doce años después de que naciera Alice, nuestra hija.

Permítanme explicar. Hace casi veinticinco años, vi un anuncio en el diario en el que buscaban hombres sanos, entre 18 y 35 años, para participar en un programa de donación de esperma, nos pagaban cuarenta dólares por donación.

Llené una solicitud para vender mi esperma y lo hice dos veces a la semana durante un año. En ese entonces tenía una relación a distancia, así que me pareció una buena forma de descargar energía.

Hoy en día, los compradores de esperma ven perfiles detallados de posibles vendedores. En ese entonces a mí solo me pidieron mis datos de mi licenciatura, pasatiempos e historial de salud familiar.

Después de un año de vender mi esperma, volví a la normalidad y en gran medida me olvidé de todo el asunto.. Había firmado un acuerdo de confidencialidad y supuse que jamás habría manera de que mi descendencia y yo nos encontráramos.

Luego llegó la era de internet.

A principios de 2000, busqué online una manera de encontrar a mis hijos y descubrí el Registro de Hermanos de Donadores, pero no encontré ninguna pista ahí, entonces no volví a revisarlo.

Hace un par de años, comencé a ver anuncios de 23andMe, un servicio que analiza tu saliva, la pones en un tubo de ensayo y lo mandas por correo para que se analice y te da la información de tus ancestros, salud y familiares según tu ADN. La oportunidad era única, pero asumí que las probabilidades de encontrar a mis hijos eran bajas.

Me devolvieron los resultados y… ¡sorpresa!: tenía un hijo llamado Bryce. Su nombre completo era tan inusual que lo encontré fácilmente en Google, y en la foto se parecía tanto a mí que supe con seguridad que aquel era mi hijo. Suponiendo que le habían notificado sobre mi existencia mediante 23andMe, lo consideré durante una semana antes de decidirme a mandarle un mensaje.

“Querido Bryce”, escribí. “Hace poco me uní a 23andMe y te encontré en una lista como mi ‘hijo’, así que creo que soy tu padre biológico. Espero que mi existencia no te impacte y me pregunto si a ti también te gustaría contactarme”. Mi carta continuó con una breve descripción de mi vida.

Bryce respondió casi al instante: “Papá, no puedo expresar lo emocionado que estoy de saber de ti. Me uní a 23andMe esperando que tú ya lo hubieras hecho y me entristeció ver que no era así, pero esto es asombroso y estoy muy feliz. Soy uno de los seis hijos que sé que tuviste y con los que mantengo contacto. Tengo 20 años y vivo en Long Island, pero estoy estudiando en el norte del estado de Nueva York”.

Ver también: Inseminación artificial

“¿Papá?”. Por un momento me preocupó que Bryce pudiera tener algunas expectativas paternales sobre mí y que apareciera en mi puerta, pero mis inquietudes eran infundadas.

Además, ¿seis hijos?  Hice algunos cálculos rápidos en base al número de muestras que proporcioné y las probabilidades de concepción; calculé que podría tener hasta 67 hijos.

Bryce me conectó con Madalyn, de 19 años. Después de ver su perfil de Facebook, tuve mi primer pensamiento paternal en la vida: mi hija debería ponerse ropa menos reveladora.

Algunos meses después, un nuevo familiar apareció en 23andMe: Alice, de 11 años. Jessica, su madre, me escribió un mensaje. Ella y su expareja habían dado a luz cada una a una hija concebida con mi esperma. Se separaron hacía años pero habían estado criando a ambas niñas juntas hasta hace poco, cuando la otra madre se mudó con la hija a la que había dado a luz.

Jess y yo comenzamos a charlar online. Sabía mucho sobre comprar esperma y la inseminación, lo cual me pareció fascinante aprender. Ella ya no se identificaba como lesbiana y estaba saliendo con un hombre.

Mis hijos y yo intercambiamos biografías escritas. Después hicimos un plan para que Bryce y Madi vinieran a Seattle durante un par de semanas en el verano. Jess y Alice vivían unas cuantas horas al sur y conduciríamos hasta allá. Decidimos hacer una fiesta, y lo publique en Facebook, “Fiesta para conocer a mis hijos”, con fotos de Bryce, Madi y Alice. El efecto de conmoción fue alto.

Ya fuera por la genética, la buena suerte o la fuerza del destino, amé a mis hijos de inmediato. Tienen un aura de mí que me perturba. Bryce es tímido pero perspicaz y está obsesionado con los memes de una manera en la que yo lo habría estado de ser parte de la generación Z. A Alice no le interesan los adultos, al igual que a mí. Madi, sobre todo, tiene mi sentido del humor y mis ojos: cruzar miradas con ella hace que mi cerebro estalle, pero después nos reímos.

En la fiesta, hicimos un juego de preguntas y respuestas de naturaleza contra crianza y descubrimos que todos éramos bastante liberales.

La primera vez que Jess y yo estuvimos a solas, nos abrazamos mucho tiempo de una manera totalmente inapropiada para dos personas que acaban de conocerse. Jess dice que tengo ademanes que le recuerdan a ambas niñas y, por lo tanto, se sintió instantáneamente cómoda conmigo.

Durante las vacaciones, nos pusimos con facilidad en el papel de mamá y papá de Bryce, Madi y Alice. Pronto ya teníamos chistes locales y nos burlábamos de nuestros defectos, como cualquier otra familia. Incluso les di un sermón a Bryce y a Madi sobre fumar.

Al final de la visita, Bryce de alguna manera logró hacer que echaran a Jess y a Alice de la casa que ellas estaban alquilando después de subirse al techo para recoger un juguete, así que las invité a quedarse conmigo mientras se solucionaban las cosas. Jess no tardó en darse cuenta de que quería seguir quedándose conmigo. Alice puso los ojos en blanco como si la hubieran engañado para participar en un arreglo familiar tradicional.

Tenemos muchas preguntas sobre el amor y la genética, y de si habríamos sentido esta conexión si nos hubiéramos conocido de una manera más convencional.

A Madi le agradamos nosotros y la Costa Oeste, y hace poco se mudó a nuestra casa. Esperamos atraer a Bryce para que haga lo mismo.

Al final, los elementos de ciencia ficción de nuestra historia de amor son irrelevantes: Jess y yo funcionamos como pareja porque nos gusta pasar tiempo juntos. Supongo que ayuda que sea el padre de su hija

De la redacción de tvcrecer

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