Familia 34

Aceptar y superar el sufrimiento: una tarea en la que los padres pueden colaborar

Crecer implica dejar de lado muchas cosas que nos gustaría hacer y tener. Todo lo que dejamos nos provoca sufrimiento. Los padres deben acompañar este sufrimiento en vez de negarlo. Esa es la mejor manera de que el chico acepte el dolor y lo procese.

Crecer implica dejar de lado muchas cosas que nos gustaría hacer y tener. Todo lo que dejamos nos provoca sufrimiento. Los padres deben acompañar este sufrimiento en vez de negarlo. Esa es la mejor manera de que el chico acepte el dolor y lo procese.

Crecer implica separarse, elegir y despedirse de lo que no elegimos. Los chicos deben dejar de lado muchas cosas, a veces por elección y a veces por obligación: una casa cuando se mudan, un colegio, el cumpleaños de un amiguito cuando cumple años un familiar cercano, etc. Los padres deben acompañar a los chicos en esta tarea, dándoles la mano y acompañando el dolor y el sufrimiento, pero también la alegría.

Cada vez que elegimos, al mismo tiempo estamos no eligiendo muchas otras cosas: si elijo caramelos no compro chocolates, si invito a Flor, dejo de invitar a Caro. Los adultos tratamos de convencernos de que no sufrimos porque lo elegido es lo máximo: la mejor película, o la mejor fiesta o el mejor libro, pero detrás de cada pequeña elección en la vida hay duelo y despedida por lo que dejamos de lado. Del mismo modo “ayudamos” a nuestros hijos a elegir sin dolor, y no nos damos cuenta de lo mucho que los fortalece el aprender desde chiquitos a hacerlo aceptando y tolerando el dolor de lo no elegido. Incluso, a veces acompañamos el dolor de lo que el chico desearía y no puede alejándolo de sus obligaciones: quedarse en casa el lunes faltando al colegio, no hacer las tareas para el día siguiente, no bañarse. Todo el tiempo la vida nos ofrece oportunidades para confirmar que vale lo que sienten y desean, aunque no siempre se pueda hacer.

Todo lo que sentimos vale: debemos enseñarles a los chicos a inhibir acciones y palabras, no pensamientos o sentimientos. Los sentimientos ambivalentes son inherentes a la condición humana (amo y odio a mi hermanito, me encanta el colegio pero me da fiaca ir).

El dolor y el sufrimiento son parte de la vida, al acompañarlos y tenerles la manito a nuestros chicos les transmitimos que se puede superar, les prestamos recursos para hacerlo, y, por sobre todas las cosas, les confirmamos lo que sienten de modo que ellos encuentren el mejor camino de elaboración y resolución. De no hacerlo, ellos tiene dos opciones: dudar de lo que están sintiendo (si mamá dice que no me duele, debe ser mentira mi dolor, dejo de hacer caso a mi mundo interno para saber cómo estoy y le pregunto a mi mamá), o, igual de dramático, me doy cuenta de que a mi mamá le hace mal lo que yo siento, por lo que dejo de decírselo y sigo sufriendo en soledad. Además, cuando la vida les provoca dolores inevitables y si están lejos de su mamá (que por lo tanto no puede evitarles nada) están muy solos y no tienen recursos para enfrentarlo.

En caso de poder acompañar este dolor, los chicos van internalizando este acompañamiento, de modo que cuando luego sufren solos, no lo hacen tanto ya que están acompañados por el recuerdo de esa mamá que acompañó y sostuvo en otros momentos.

tvcrecer agradece a Maritchu Seitún

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