Es bueno hablar de dinero con los niños desde pequeños y enseñarles a gestionarlo y a ahorrar, para que así puedan valorarlo. Te damos pautas y recursos lúdicos para que proporciones a tus hijos una buena educación financiera.

Educación financiera para niños, por qué debes hablarles de dinero

Es evidente que vivimos en una sociedad capitalista y que el dinero es un pilar básico en nuestro día a día. Por tanto, los pequeños de la casa experimentan de forma cotidiana situaciones donde está presente, ya sea físicamente o como concepto: nos acompañan a hacer compras, al banco o al cajero automático, nos oyen hablar de facturas y de sueldos… Además, “los niños cada vez acceden al consumo antes, tienen mucho peso en la cesta de la compra familiar, hay mucha publicidad dirigida a ellos que les invita a adquirir productos, y hay que prepararles para ser consumidores responsables”, señala Juana León Álamo, experta en finanzas y directora de Aprender Cuenta, un proyecto educativo dirigido a enseñar educación financiera y emprendimiento a los niños.

Pero la realidad es que ellos saben poco sobre el dinero, no conocen su valor real ni el de las cosas materiales en general, o el esfuerzo que conlleva conseguirlas. Por eso, no es raro que se muestren caprichosos, que no cuiden sus juguetes o su ropa, o que se cansen enseguida de un mismo objeto.

En este sentido, pedagogos y educadores están cada vez más de acuerdo en que es positivo imbuirles en el mundo de las finanzas desde pequeños. En palabras de la experta Juana León “la educación en finanzas es esencial en el bienestar de las personas, está muy ligada a la educación emocional y en valores y, además, es mejor adquirirla desde niños en forma de hábitos”. Además, “las finanzas no sólo son una cuestión de saber, sino de hacer; el conocimiento sin acción no produce resultados”, puntualiza la financiera.

Por eso es importante que empezando desde el entorno familiar, a partir de edades bastante tempranas, y predicando con el ejemplo, enseñemos a los pequeños de la casa lo que podemos llamar unos buenos hábitos financieros. No es tan difícil, siempre y cuando tratemos el tema de una forma lo más natural posible y lo incluyamos en la cotidianidad. Además, nos podemos ayudar de algunos recursos lúdicos que nos harán la tarea mucho más fácil.

Cuándo y cómo empezar la educación financiera de los niños

Como sucede siempre cuando hablamos de buenos hábitos: cuanto antes, mejor. Y aunque a priori el ‘mundo financiero’ parece complicado y propio de adultos, es recomendable empezar a involucrar a los niños en él desde edades tempranas. Según la experta en finanzas y directora del proyecto educativo Aprender Cuenta, Juana León Álamo: “normalmente con 5 o 6 años ya son capaces de comprender conceptos financieros básicos”.

En general, lo fundamental es que en nuestro día a día tratemos con ellos el tema del dinero de una manera natural, sin convertirlo en algo tabú, ya que es un error pensar que es un ámbito que no les concierne aún. Que nos vean hacer una planificación financiera familiar, hablar de ahorro, de beneficios y momentos de bonanza económicos, pero también de deudas. Y aprovechar cualquier ocasión para explicarles la importancia y el valor del dinero: comparando precios en el supermercado, revisando los extractos del banco, planificando una escapada familiar según nuestro presupuesto, etcétera. Además, los 5 o 6 años también son buena edad para “iniciarse en el ahorro porque suelen estar preparados para administrarse, y ya se les puede asignar una paga, aunque se empezará por algo simbólico”, añade la experta.

Eso sí, para comenzar bien con la educación financiera, lo que hay que inculcarles a los pequeños es que el dinero no es ilimitado y que no viene sin más, sino que es fruto del esfuerzo y del trabajo. Así, lo mejor es que “su paga vaya asociada a alguna tarea, a pequeñas responsabilidades como labores del hogar adecuadas a ellos, por ejemplo, por las que reciban una recompensa a cambio”, aconseja la financiera Juana León. Aunque hay que tener claro que este tipo de tareas serán ‘extra’, no las que habitualmente constituyen obligaciones para ellos como recoger su ropa o sus juguetes, o hacer los deberes. Algunos ejemplos serían: bajar la basura, ayudar a guardar la compra del supermercado, ayudar a recoger la ropa del tendedero, o ayudar a limpiar el coche familiar.

En lo que nunca debemos caer es en usar el dinero como mecanismo de chantaje para conseguir que nos obedezcan.

Y, por supuesto, en este proceso de aprendizaje tampoco debemos ceder a sus peticiones, a esa moneda que nos reclaman constantemente para sus caprichos. Hay que hacerles ver que para eso tienen su paga, y que no les vamos a dar más dinero. Aunque también habrá ocasiones en las que les regalen dinero por algún acontecimiento especial como su cumpleaños. En estos casos sería recomendable hablar con las personas que les regalan ese dinero para pactar las cantidades, y dejarle claro al niño que esto es algo extraordinario.

A partir de aquí, comenzarán a ser más responsables y a gestionar bien sus primeras finanzas. Si van cogiendo las riendas de su economía desde pequeños, les estaremos enseñando un hábito muy positivo para el futuro.

Cómo enseñar a los niños a ahorrar y a valorar el dinero

La presencia de una alcancia en casa para los más pequeños (habitualmente con forma de cerdito) ha sido y es habitual en muchos hogares. Es el elemento que les invita a ahorrar de una forma simpática. Pero, además de enseñarles el hábito de ir metiendo dinero en esa alcancia, hay que explicarles el porqué de ese ahorro, y que es algo que requiere mucha constancia.

Desde el momento en que les asignemos una paga, ya sea semanal o mensual, les explicaremos la importancia de ahorrar: que esto servirá para conseguir ese juguete que tanto quieren, o para lograr una meta que desean (como ropa, un libro, una bicicleta, o un juguete). Es una forma de transmitirles el concepto de ahorro como algo positivo y motivador que va a redundar en su felicidad. También es adecuado indicarles que esto puede ser “un fondo de emergencia por si nos surgen imprevistos” indica Juana León, experta en finanzas y directora del proyecto educativo Aprender Cuenta.

Evidentemente, empezaremos por cantidades pequeñas y por metas más sencillas, que se irán complicando conforme los pequeños vayan creciendo. Además, les ayudaremos a hacer las cuentas para calcular cuánto dinero y cuánto tiempo necesitan para conseguir su objetivo. Así, “los primeros objetivos de ahorro deben ser a corto plazo, entre 15-20 días, para que sean fáciles de alcanzar, los niños no se desanimen, y disfruten de su recompensa rápidamente”, puntualiza Juana León.

Pero el concepto de ahorro abarca mucho más que lo monetario, por lo que debemos inculcarles a nuestros hijos que ahorrar también es cuidar las cosas y los recursos naturales, y no solo comprar y comprar constantemente. “Con hábitos de consumo adecuados gastamos menos y podemos destinar más dinero a nuestros objetivos de ahorro. Podemos intercambiarnos juguetes, libros, etcétera, con amigos, por ejemplo. Así, además de aprender a compartir no tenemos que gastar dinero comprándolos”, remata la financiera León.

6 trucos y recursos de aprendizaje financiero para niños

Para llevar a cabo la educación financiera podemos practicar con los niños diferentes acciones, algunas de ellas más divertidas o lúdicas, lo que nos facilitará la tarea del aprendizaje. Estos trucos te pueden ayudar:

  1. Hacer la lista de la compra juntos, intentando calcular más o menos lo que valen los productos. Haremos especial hincapié en los alimentos que ellos solicitan.
  2. Jugar a las tiendas con dinero ficticio. Si el pequeño es el vendedor y se hace cargo de la caja registradora, podrá aprender mejor a identificar y manejar el dinero.
  3. Dejar pagar a los niños de vez en cuando en sus “pequeñas compras”.
  4. Jugar a juegos de mesa de tipo ‘Monopoly’, en los que hay que comprar y vender y las transacciones financieras son las protagonistas. Ellos deben invertir dinero, pero también pueden perderlo todo y acabar en la quiebra.
  5. Enseñarles a prestar pequeñas cantidades de dinero a sus hermanos o amigos, por ejemplo.
  6. Leer cuentos en los que los protagonistas sean personajes ahorradores.

Fuente: Webconsulta.com

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