La madre es la gran referencia de las hijas

De la redacción de tvcrecer

Las niñas imitan a sus madres, puesto que representan un espejo donde mirarse. De este modo, a pura imaginación y creatividad, recrean su mundo para jugar y divertirse con amigas, hermanas o primas.

 

Las niñas emulan a sus madres. Pretenden y quieres hacer todo cuanto ellas hacen. Y las copian. Al menos lo intentan. La ven pintarse y quieren pintarse. La observan vestirse con elegantes y largos trajes y decorarse con collares, pulseras y anillos, y desean lo mismo, con su propia bijouterie de juguete y disfraces de princesas de Disney. Es normal. Un comportamiento natural. La madre es la gran referencia de una chiquilina, e imitándola, o pareciéndosele, busca crear su propio mundo de fantasía, y jugar a ser grande siendo chica. A este comportamiento debe relacionarse el gusto de ellas por jugar con las amigas, hermanas o primas, a ser madres, y criar hijas y realizar a placer las actividades de la casa, tan vinculadas culturalmente a las mamás (la idea es absolutamente obsoleta), por más que ellas no sientan ningún beneplácito al cumplirlas.

Así las pequeñas confeccionan su propio universo ficticio, en el cual mezclan la información recepcionada durante el trato cotidiano con su madre, acerca de las labores domésticas, con los datos captados en sus predilectos programas de televisión, transmitidos en castellano neutro e incluyendo términos propios de otras latitudes americanas. Las chicas crean un personaje cocoliche y se divierten en grande, disfrutan y sueltan las amarras de la imaginación, creando situaciones y roles con sus compañeritas de aventuras.

Maquillarse, peinarse, usar tacos y adornarse con todo tipo de objetos es parte de ese juego. Es intentar parecerse -o copiar- a Mamá, pero para jugar en un mundo de absoluta fantasía, inventado por ellas y para ellas, por su propia imaginación y creatividad. Un mundo en el cual, tal vez, lo único real sean algunas prendas de mamá, tomadas en préstamo o quitadas a hurtadillas.

¿Será por esa identificación con sus madres que las niñas adoran, o mejor dicho, disfrutan, jugando a hacer las actividades hogareñas, como planchar, lavar y cocinar? ¿O es que desde la más tierna infancia, las criaturas absorben este perimido mensaje? Si es así, la imitación del rol de la madre actual no les sale muy bien, porque eso de que la madre debe estar fregando día y noche en la casa es de la edad de piedra, no de la actual hora de la emancipación y la definitiva independencia.

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