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El canto como medio de expresión

De la redacción de tvcrecer

A la edad de los pañales, los chiquilines disfrutan cantando, aunque no entiendan mucho lo que dicen. Y lo hacen bajo sus propias reglas, sin pedidos ni exigencias ante el auditorio familiar, típico de las reuniones.

Los chicos suelen sentir inhibición para algunas cosas y en determinados ámbitos. Sin embargo, esos mismos chiquilines, en un entorno diferente, y favorecidos por ciertos estímulos, logran soltarse, sin dudas ni planteos; olvidan, o superan, la lógica vergüenza, y así desatan un vendaval de expresión e histrionismo. Este cuadro se produce reiteradamente, sobre todo a la hora de pedirles, ante un público selecto (abuelos, tíos o primos), que entonen la canción aprendida recientemente en el jardín, y que cantaran tan desenvueltos delante de sus padres sin siquiera pedírsela, simplemente por generación espontánea. Pero en ese instante solicitado, en el cual el padre pretende orgullosamente el lucimiento de su hijo, frente al auditorio familiar, ni un solo y tímido tono emana de la garganta sonora.
Más tarde, al momento del baño, por ejemplo, sin el público delante, brotarán a raudales, sin pedidos, ruegos, súplicas ni exigencias de por medio, las estrofas de esa canción solicitada anteriormente. Así son los chicos: deseosos de expresarse, de comunicarse, de contar las experiencias vividas en la jornada colegial. Entonces se sueltan y se manifiestan. Pero bajo sus propias reglas, en sus propios tiempos y en ambientes sin exigencias ni presiones, por más leves que estas sean.
A los pequeños les gusta mucho cantar. Aunque a esa corta edad, la de los pañales, no sepan muy bien qué dicen y qué significa lo que dicen. Ellos cantan con inusitado entusiasmo y disfrutan a lo grande haciéndolo. Claro, el repertorio, a los tres años, más o menos, no se destaca por la variedad, y queda ceñido a las canciones enseñadas por las maestras en el jardín de infantes (las clásicas de esa etapa) y a las de las series animadas de los canales de televisión para ellos o las popularizadas en las películas de cine de las grandes factorías del entretenimiento para esa franja.
Expresarse a través del canto, los libera, los transporta a un mundo de fantasía, y se nota que disfrutan. Pero a su modo, sin pedidos ni ante un público, por más amistoso que fuese, que pareciera estar allí para evaluarlo.

 

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